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Vuelta a la rutina

11/09/2026

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Septiembre y la vuelta a la rutina: cuando retomar el ritmo también remueve por dentro

Septiembre tiene algo particular. El calendario dice que simplemente termina el verano, pero para muchas personas se siente casi como si empezara un nuevo año.

Vuelven los horarios, el despertador, el trabajo, las responsabilidades, los desplazamientos, las actividades que habíamos aparcado, las prisas y esa sensación de que, de repente, todo tiene que volver a funcionar.

Y quizá te haya ocurrido alguna vez: has descansado durante las vacaciones, incluso has disfrutado mucho, pero pocos días después de regresar empiezas a sentirte más cansado, irritable o desmotivado. Te cuesta concentrarte. Duermes peor. Todo parece necesitar un esfuerzo extra.

O simplemente aparece un pensamiento que durante el verano estaba más lejos:

“¿De verdad quiero volver otra vez a lo mismo?”

No significa necesariamente que exista un problema psicológico. Muchas veces estamos hablando de un proceso de adaptación ante un cambio importante de ritmo.

Pero septiembre también puede actuar como una especie de espejo que nos obliga a mirar cosas que durante las vacaciones habíamos conseguido dejar temporalmente a un lado.

¿Por qué cuesta volver a la rutina?

Durante las vacaciones suelen cambiar muchas de nuestras costumbres.

Nos levantamos más tarde, desaparecen algunas obligaciones, tenemos más libertad para decidir qué hacemos con nuestro tiempo, modificamos horarios de sueño y comidas y, en muchos casos, reducimos considerablemente las exigencias del día a día.

Nuestra mente también desconecta parcialmente de aquello que nos preocupa.

Por eso volver no consiste únicamente en regresar físicamente al trabajo o recuperar nuestros horarios. También tenemos que volver a adaptarnos mental y emocionalmente a una estructura mucho más exigente.

La investigación lleva años estudiando el efecto que tienen las vacaciones sobre nuestro bienestar. Diferentes estudios han observado que los periodos de descanso pueden producir mejoras en el bienestar y en la percepción de salud, aunque una parte de esos beneficios puede ir disminuyendo al regresar a las obligaciones habituales.

Una revisión publicada en Journal of Occupational Health analizó precisamente este efecto de recuperación después de las vacaciones. Investigaciones más recientes también han señalado que poder desconectar psicológicamente del trabajo y realizar actividades que favorezcan el bienestar puede ayudar a mantener durante más tiempo esos beneficios.

Por tanto, el problema no son las vacaciones.

El problema puede aparecer cuando volvemos exactamente a aquello de lo que necesitábamos recuperarnos.

Septiembre no crea todos nuestros problemas, pero puede hacerlos más visibles

Imagina que antes del verano llevabas meses acumulando cansancio.

O que no estabas satisfecho con tu trabajo.

Quizá tu relación llevaba tiempo atravesando dificultades.

Puede que sintieras que siempre ibas deprisa, que apenas tenías tiempo para ti o que estabas soportando situaciones que te generaban preocupación desde hacía meses.

Llegan las vacaciones y muchas de esas obligaciones desaparecen durante unos días.

El malestar puede disminuir.

Pero eso no significa necesariamente que aquello que lo estaba provocando haya desaparecido.

Cuando septiembre devuelve los horarios, las responsabilidades y las mismas situaciones anteriores, algunas emociones vuelven también.

Y entonces podemos preguntarnos:

“¿Por qué vuelvo a sentirme así si acabo de estar de vacaciones?”

Precisamente porque descansar puede ayudarnos a recuperarnos, pero no siempre modifica las circunstancias que estaban generando nuestro malestar.

Entonces, ¿por qué septiembre puede ser un momento en el que decidimos pedir ayuda?

Conviene aclarar algo importante.

No existe una evidencia científica sólida que permita afirmar que septiembre sea universalmente “el mes en el que más personas van al psicólogo”. Sería demasiado simplista afirmarlo así.

Sin embargo, sí existen diferentes procesos psicológicos que ayudan a entender por qué septiembre puede convertirse en un momento especialmente propicio para plantearnos cambios y pedir ayuda.

Uno de ellos tiene que ver con los llamados hitos temporales.

Hay determinados momentos que mentalmente interpretamos como el comienzo de una nueva etapa: enero, un cumpleaños, un lunes, el inicio de un curso o la vuelta después de unas vacaciones.

Investigadores como Hengchen Dai, Katherine Milkman y Jason Riis estudiaron este fenómeno y observaron que determinados momentos que percibimos como un nuevo comienzo pueden aumentar nuestra motivación para iniciar cambios. A este fenómeno lo denominaron fresh start effect, o “efecto de nuevo comienzo”.

Es algo que hacemos constantemente:

“En septiembre empiezo a cuidarme.”

“Cuando vuelva de vacaciones voy a organizarme mejor.”

“Este año no quiero continuar igual.”

“Cuando pase el verano voy a pedir ayuda.”

Septiembre crea psicológicamente una frontera entre “lo anterior” y “lo que empieza ahora”.

Y eso puede llevarnos a observar nuestra vida con cierta distancia.

Cuando volver a la normalidad hace que te preguntes si esa normalidad te hacía bien

Quizá esta sea una de las preguntas más importantes.

Muchas veces intentamos recuperar nuestra rutina cuanto antes sin detenernos a pensar si queremos recuperarla exactamente igual.

Volvemos a llenar la agenda.

Volvemos a decir que sí a todo.

Volvemos a dejar para después aquello que necesitamos.

Volvemos a dormir menos.

Volvemos a vivir deprisa.

Y unas semanas después sentimos que las vacaciones han quedado lejísimos.

Tal vez septiembre pueda servir para algo diferente.

No solamente para volver a la rutina, sino para revisar qué parte de esa rutina merece la pena recuperar y qué parte necesitas modificar.

No tienes que empezar septiembre haciéndolo todo perfecto

Existe también otra presión silenciosa que aparece en esta época.

Septiembre se llena de nuevos objetivos.

  • Hacer deporte.
  • Comer mejor.
  • Organizar la casa.
  • Ser más productivo.
  • Ahorrar.
  • Retomar proyectos.
  • Dedicar más tiempo a la familia.
  • Cuidarnos.
  • Dormir mejor.

Y todo, si puede ser, desde el primer lunes.

Pero convertir septiembre en una enorme lista de obligaciones puede conseguir exactamente lo contrario de lo que buscamos.

Adaptarse necesita tiempo.

Recuperar horarios progresivamente, descansar, organizar prioridades y aceptar que los primeros días quizá no tengamos el mismo ritmo que unas semanas después también forma parte del proceso.

No necesitamos volver de vacaciones convertidos en una versión perfecta de nosotros mismos.

¿Cuándo puede ser útil pedir acompañamiento psicológico?

Sentir cierta pereza, cansancio o falta de motivación durante los primeros días de vuelta puede formar parte de una adaptación completamente normal.

Pero quizá convenga prestarle atención cuando pasan las semanas y el malestar sigue presente, cuando empiezas a sentir que todo te supera, cuando aparecen preocupaciones constantes, dificultades importantes para descansar, irritabilidad frecuente, sensación de bloqueo o cuando situaciones que ya existían antes del verano vuelven a producirte un sufrimiento que cada vez resulta más difícil gestionar.

No necesitas esperar a encontrarte en una situación límite para hablar con un profesional.

El acompañamiento psicológico también puede ayudarte a entender lo que estás sintiendo, revisar determinadas situaciones de tu vida, aprender nuevas formas de gestionarlas y tomar decisiones con mayor claridad.

Quizá septiembre no tenga que ser simplemente “volver a lo de antes”

Podemos verlo de otra manera.

Septiembre puede ser un momento para recuperar horarios, responsabilidades y proyectos, sí.

Pero también puede convertirse en una oportunidad para preguntarte cómo quieres vivir los próximos meses.

Qué necesitas conservar.

Qué necesitas cambiar.

Qué estás soportando desde hace demasiado tiempo.

Y qué espacio estás dejando para ti dentro de todas tus obligaciones.

Porque a veces volver a la rutina no es el problema.

El problema es descubrir que la rutina a la que estamos volviendo ya no nos hace sentir bien.

Y escuchar esa sensación también es una forma de empezar a cuidarnos.

¿La vuelta a la rutina está siendo más difícil de lo que esperabas?

Si después del verano sientes que recuperar tu día a día te está costando más de lo que imaginabas, podemos acompañarte para entender qué está ocurriendo y encontrar una manera diferente de afrontarlo.

Marta Mariscal Psicología

📱 Teléfono y WhatsApp: 633 608 679
🌐 Web: martamariscalpsicologia.es

Referencias: estudios sobre recuperación tras periodos vacacionales y bienestar psicológico publicados en Journal of Occupational Health y Journal of Applied Psychology, junto con la investigación de Dai, Milkman y Riis sobre el denominado Fresh Start Effect.

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